En Silicon Valley se las llama “unicorns” (unicornios) por cómo operan y hacen su magia. Y efectivamente, esa magia consiste en que han llegado a donde estar sin tener nada suyo en venta. Compañías de taxis que no tienen taxis, inmobiliarias que no tienen pisos, proveedores de habitaciones que no tienen habitaciones, gigantes tiendas de internet que no tienen productos, medios de comunicación que no generan contenidos… En la actualidad, muchas de las empresas que menos tienen son las que más valen. ¿En qué consiste este modelo de negocio?

Estamos hablando de empresas como Uber, Airbnb, Blablacar, Wallapop, Alibaba, Facebook… ¿A quién no le suena estos nombres? Se trata de las startups más rentables nacidas en los últimos años y sin embargo, responden a un curioso modelo de negocio. Uber es la empresa de taxis más potente del mundo y no tiene ni un solo taxi en propiedad. Alibaba es el comercio online más potente y no tiene productos en su inventario. Airbnb ofrece millones de habitaciones en todo el mundo y no posee ninguna de ellas. Facebook es el medio de comunicación más consultado diariamente y no produce ningún contenido…

Se puede hablar de magia, pero también de realidad. Lo cierto es que todas ellas son empresas exponenciales, es decir, aquellas que, con su estructura pequeña, son capaces de incrementar 10 veces su ganancia de forma constante y exponencial. Modelos de negocio basados en no tener los activos que ofrecen en propiedad ni pagar ningún alquiler por ellos.

Antes de la llegada de internet, era impensable que una empresa que no tenía ni productos ni servicios pudiera rentabilizarse. Ahora, tenemos muchos ejemplos de que no sólo esto no es así, sino que las empresas más rentables son las que no poseen los activos que ofrecen.

Modelo de negocio: ¿Qué tienen todas ellas en común?

En primer lugar, son empresas que nacen de la economía colaborativa. Sin embargo, aunque estas “empresas que no venden nada” hayan nacido de la economía colaborativa, no son economía colaborativa. Son empresas. Empresas que no tienen en propiedad los activos que ofrecen, sí. Pero empresas.

Por eso es importante recalcar la diferencia entre estos modelos y la economía colaborativa.

Uber no es lo mismo que Blablacar, aunque sus diferencias cada vez sean menos latentes. En teoría, un conductor que oferta un viaje en Blablacar no busca rentabilizarlo, sino que busca compartir gastos con el resto de ocupantes. En cambio, Uber ofrece servicios de taxis no profesionales a menor coste para el usuario con la intención de obtener “unos ingresos extra”. Tampoco AirBnb es lo mismo que el couchsurfing que tanto se puso de moda hace algunos años. Mientras el couchsurfing consiste en ofrecer, sin intención de lucro, un sofá (o incluso una habitación) a un turista a cambio de “nada”/la experiencia de socializar, en Airbnb se trata de transacciones comerciales; de alquiler de habitaciones o viviendas entre particulares. Por tanto, no son economía colaborativa, son simplemente nuevos modelos de negocio nacidos en internet a partir de la economía colaborativa.

La rentabilidad de estos modelos es incuestionable

Consiguen rentabilizar al máximo unos activos que, simplemente, no poseen. Ellos son meros intermediarios que eliminan las mediaciones y facilitan al máximo esas transacciones. Por ejemplo, Airbnb pone en contacto a usuarios que quieren ofrecer habitaciones o casas de su propiedad para alquileres y estancias cortas con aquellos que los buscan, de una forma no profesional. A cambio, la empresa cobra una cantidad económica reducida por la transacción, obteniendo el negocio por el alto volumen de alquileres que se realizan cada minuto en su portal. Actualmente está valorada en 30.000 millones de dólares.

Si atendemos a las empresas de alquiler de coches, Uber es ahora la empresa de taxis más grande del mundo pero sin ser la dueña de ningún coche ni teniendo a conductores en nómina. Los “taxistas” son no profesionales que obtienen unos ingresos extra (algunos actualmente ya obtienen algo más que unos ingresos extra). Para garantizar la satisfacción del cliente a pesar de la no profesionalidad de los conductores, existe el sistema de votaciones y valoraciones, tanto al taxista como al cliente, lo que también genera una relación de dependencia importante: estamos obligados a hacer que la experiencia sea gratificante, por lo que conductor y cliente pondrán de su parte para que ello sea así.

La innovación consiste en el cambio en el modelo proveedor – distribuidor – cliente

Como se puede observar, al fin y al cabo, no se está inventando nada nuevo en el sentido de que siempre han existido los distribuidores o intermediarios. Un intermediario que ponía en contacto a un proveedor con un consumidor. Nada nuevo. Sin embargo, la novedad de estos modelos radica en el papel del consumidor.

En el modelo tradicional, el distribuidor o intermediario se centra en el proveedor, es decir, busca los mejores proveedores. Si los productos que ofrece son los mejores, captará a los clientes.

Sin embargo estos nuevos modelos funcionan a la inversa: buscan captar a los clientes o consumidores y los proveedores ya vendrán solos. Al fin y al cabo, si consiguen un alto número de consumidores, los proveedores aparecerán.

Según un estudio de la CNMC, los tres tipos de servicios “colaborativos” que más demanda tienen en España son: compra-venta de segunda mano, búsqueda de alojamiento en casas de particulares y desplazamientos de coche y trayectos. Esto es, los servicios que ofrecen tres de las principales “vendedoras de nada” en nuestro país: Wallapop, Airbnb y Uber.

¿Será esto una tendencia pasajera? En principio, todo apunta a que no lo será. De hecho, cada vez son más los casos de éxito de este tipo de compañías. Para que un negocio sea rentable, lo ideal es obtener un mayor beneficio con una menor inversión y esto es la base del éxito de este tipo de empresas.

El principal problema al que se enfrenta es la regulación

Sin embargo, habrá que estar pendientes en los próximos meses y años sobre la regulación. Hay ciertos procesos judiciales relacionados con empresas como Blablacar, Aribnb y Uber y se está trabajando para regularizar este sector que ha pillado por sorpresa tanto a la legislación internacional como a la española.

Concretamente, aquí se rigen por la Ley 34/2002 de servicios de la información y el comercio electrónico, lo que implica que no hay una regulación específica para determinados servicios. Como ejemplo sirve la popular sentencia en la que Confebús, que se lanzó contra Blablacar, no consiguió la razón del juez. En ella se determinó que poner en contacto a particulares que quieren realizar un viaje juntos para compartir gastos no implica una organización del transporte, es decir, que su actividad era ajena a la regulada por la Ley de Ordenación de Transporte Terrestre.

El problema principal es que la regulación del sector avanza despacio mientras que la tecnología lo hace a pasos agigantados.

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