¿Cuánto cobrarán de jubilación los veinteañeros de hoy? ¿Y los treintañeros? ¿Y los cuarentañeros…?

Cuando un país como España está en campaña política, mucho se habla acerca de las cuotas de las pensiones de jubilación en los próximos años. Se promete que se subirán las pensiones y se realizan pequeñas mejoras en las prestación por jubilación, pero todo este debate deja fuera la que será una de las grandes preocupaciones en el futuro cercano, es decir, en los próximos 20 ó 30 años: qué sucederá con las pensiones de aquellos que hoy tienen 20, 30 e incluso 40 años.

Hace pocos días, El Economista publicó un artículo en el que concretaba este problema a través de tres cifras catastróficas:

  • A los veinteañeros actuales, la pensión media por jubilación les quedará reducida a 575€/mes,
  • A los treintañeros actuales, entre 600 y 650 €/mes,
  • A los cuarentañeros actuales, entre 675 y 750€/mes.

Teniendo en cuenta que los pensionistas de 2015 cobraron 1.029 euros mensuales de media, estos datos supondrían una reducción de casi la mitad de la prestación por jubilación para ciudadanos que hubieran cotizado, de media, los mismos años que sus antecesores, dado que su base es muy inferior.

De hecho, el mes de mayo de 2016 supuso un nuevo récord en el gasto en pensiones de la Seguridad Social en España, un total de 8.467,3 millones de euros: un 3% más que en mayo de 2015. Lo problemático de la cuestión es que, si comparamos los datos, la perspectiva no deja atrás los números rojos:

En el año 2003, España gastó en las pensiones de jubilación la mitad de lo que gastó en 2015. Para compensar estas cifras, debería tener el doble de afiliados a la Seguridad Social que en 2003, pero lejos de conseguirlo, sólo cuenta con 780.000 afiliados más que en 2003. De este modo, España pagaba poco más de 4.000 millones de euros en las pensiones de jubilación en 2003 y más de 8.000 millones en 2015. Cifras que son muy alarmantes.

El mercado de trabajo no se recupera a un ritmo lo suficientemente veloz como para hacer frente a este déficit. De hecho, es precisamente la sostenibilidad de las pensiones uno de los mayores retos a los que la mayoría de países occidentales tendrá que hacer frente en los próximos años. Pero la situación laboral de los países de la Unión Europea no es la única causante de los problemas relativos a la sostenibilidad de las pensiones. Hay determinados factores demográficos, sociológicos y culturales que, a largo plazo, afectan todavía más en los fondos para las pensiones de la Seguridad Social.

Concretamente en España, el problema se agrava: por un lado, tenemos una de las mayores esperanzas de vida en Europa, pero al mismo tiempo, una de las tasas de natalidad más bajas. De este modo, la población mayor de 65 años aumentará (del 18 al 33% según los datos de ‘Nada es gratis‘ de José Ignacio Conde-Ruiz) y la población en edad de trabajar descenderá del 51% al 39% para el año 2050, que si bien parece lejano, son únicamente 34 años.

Según este análisis, son dos los factores que ponen en peligro la estabilidad del sistema de pensiones actual:

1) España es uno de los países desarrollados con menor tasa de fecundidad.

La tasa de fecundidad se ha reducido desde los años ’60 de forma notable. De 3 hijos por mujer en 1964 a 1,4 hijos por mujer en 1990. Se considera que la media para mantener el tamaño de la población constante en los países desarrollados es de 2,1 hijos por mujer, cifra bastante alejada de la española, si bien es cierto que la mayoría de los países de la Unión Europea también se encuentran por debajo de este valor. Por tanto, será un problema que afectará a la mayoría de los países occidentales en el futuro cercano.

2) España es uno de los países con mayor esperanza de vida.

En el año 2014, España era el país con mayor esperanza de vida de la Unión Europea, con una media de 83,3 años, lo que alarga a 21 años de vida después de la jubilación (teniendo en cuenta que esta se produzca a los 65 años).

Todo esto nos deja unas impresiones bastante claras. Si cada vez nacen menos personas que estarán en edad de trabajar y aumentan aquellos que ya están jubilados, para que el sistema de pensiones de mantuviera intacto, los salarios (y las cotizaciones a la Seguridad Social) deberían ser mucho más elevados. Lejos de esa realidad, los salarios son bastante más precarios de lo que eran hace 10 años, y además, la población en edad de trabajar que realmente está activa también es más baja, con lo cual la cotización es menor y, si no cambia radicalmente el escenario en los próximos años, no son tan descabelladas las cifras que mencionábamos al principio del artículo propuestas por El Economista.

De este modo, más que el debate sobre incrementar las pensiones que se sigue manteniendo año tras año, el debate debería centrarse en qué cambios pueden realizarse en el sistema para mantener las pensiones a lo largo de los años, y sobre todo qué medidas económicas se deben tomar para incrementar tanto el número de personas que trabajan como la retribución media. Y eso sólo se consigue impulsando actividades económicas de alto valor añadido.

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