El pasado domingo 7 de mayo, nuestro Director José Miguel Ramón y su compañero Juan José Orts, hablan sobre “presupuestos y arma política” en el diario Levante-emv. La columna completa puede leerse aquí.

Presupuestos y arma política

El pobre Batiste, labrador jubilado de 77 años de edad, que ha residido toda su vida en un pueblecito de L’Horta Sud, lleva varias noches sin dormir; en su cabeza bullen sin cesar las palabras “burla, desprecio, ninguneo, afrenta, pito del sereno…” Son los términos que, en el Hogar del Jubilado, ha escuchado mencionar a uno de sus contertulios, persona, al parecer muy leída e ilustrada, hablando acerca del  maltrato que el gobierno de la nación ha infligido a la Comunitat Valenciana. Son las mismas palabras que de forma inconsciente, acuden a la mente de quien, con independencia de su credo político y de la comunidad autónoma a la que pertenezca, efectúa un análisis detenido y desapasionado de los Presupuestos Generales del Estado para 2017.

La presentación por parte del Gobiero de la nación del Proyecto de PGE 2017, ha generado una agria disputa al mostrar su disparidad las partes políticamente implicadas, Admón. Central, Autonómica y líderes políticos de todas las corrientes; los unos, defendiendo la bondad del presupuesto, en lo que hacía referencia a la Comunitat Valenciana, los otros, mostrando su total disconformidad con el mismo. A nivel local destaca, de una parte, la postura del Delegado del Gobierno, Juan Carlos Moragues; de la otra, la del conseller de Economía y Hacienda, Vicent Soler. Evidentemente, no podemos cuestionar en modo alguno la capacidad intelectual que reúnen ambos. Sin embargo, se han olvidado de explicarle a nuestro querido Batiste los números que desprenden los Presupuestos. De entrada, la iversión para la Comunitat de 589 millones de euros para 2017 es baja, tanto por población como si la compatamos con la del año 2016. Observando la evolución de la inversión, se ha pasado de 1.044,3 millones de € en 2012 a  702,5 en 2013, a 678,9 en 2014, a 747,9 en 2015 y a 890,6 millones en 2016 hasta caer en la cifra actual ya referida.

Para 2017, y dado que la inversión territorializable, aquella que se puede concretar en una comunidad específica, es de 8.597 millones de €, la cifra relativa prevista para la CV representa el 6,85% del total, mientras que nuestro porcentaje sobre la población global asciende al 10,62%. Es decir, debiera haber sido casi el doble. Esperemos que esto Batiste sí lo entienda. Verlo de otra forma son ganas de jugar con los números, tratar de hacer trampas al solitario y de engañar a nuestro personaje manejando las cifras a su conveniencia; en concreto, el señor Moragues compara presupuesto realmente ejecutado en 2016 con presupuesto a ejecutar en 2017, cifras que no son comparables, dado el incontestable déficit de ejecución del presupuesto de inversión en nuestra autonomía.

Inversiones previstas en otras autonomías

Pero vamos a descender en el análisis: viendo más el día a día de los ciudadanos, podemos ponderar el gasto que existe en los PGE. Así, en cuanto a inversión en aeropuertos, Madrid recibe 111 millones de euros, Barcelona, 47; Málaga, 22 y Valencia tan solo 9. No hay prevista ninguna inversión en el Metro de Valencia frente a los 126,30 milones para el Metro de Madrid o los 108,4 millones para el Metro de Barcelona. El Teatro Real de Madrid recibe 9,39 millones de euros y el Liceu de Barcelona 7,11, frente a los 0,60 del Palau de les Arts. Idéntica inversión para el Museo de Bellas Artes de Valencia frente a los 46,20 millones de euros tanto para el Museo del Prado como para el Centro de Arte Reina Sofía.

Siendo pragmáticos, qué cabría hacer: ¿La de enfrentamiento que ha propugnado en alguna ocasión nuestra vicepresidenta Mónica Oltra, o la de negociar propuesta por nuestro presidente Ximo Puig? ¿Tenemos referentes en el resto de España que nos puedan iluminar qué camino tomar? En este punto, invariablemente, nos remitiríamos a catalanes y vascos.

Creemos pese a todo con toda firmeza que la democracia implica entendimiento, cesiones, acuerdos. Esta es la clave: que las partes tengan la suficiente empatía para buscar los puntos en común, para conseguir una redistribución de la riqueza, de los presupuestos y de las inversiones territoriales más acordes a unos números que son evidentemente incontestables; en definitiva, que los presupuestos no sean un arma arrojadiza sino de concordia. Seguro que todos saldríamos ganando.